
Iba por la selva, cansada por siete horas de viaje. Lo que veía me tenía fascinada: montañas llenas de árboles, todo verde. De pronto, vi una casa que parecía sacada de una postal alemana y me sorprendí ¿serían las horas de estar en el carro que me hacían alucinar? Pero cada vez eran más y más construcciones de ese estilo . Parecían casas de muñecas: estábamos en Oxapampa.
Apenas bajé del auto, me sorprendió mucho la amabilidad de la gente. Todos se preocupaban por ver cómo estaba, te contaban historias de del lugar y eran muy atentos con los visitantes.
Conversando con una lugareña, terminé haciéndome su amiga. Se llamaba Rosalyn Gonzales. Ella me invitó a pasar a su casa. Ahí conocí a su familia. Sus papás eran muy simpáticos, se dedicaban al tallado en madera. Luego Rosa me contó: “Es que es hermoso vivir rodeado de la naturaleza: me encanta escuchar el canto de los pajaritos, es más, aquí tienes mucho que conocer día a día. A mi me encanta cultivar orquídeas: son muy lindas y exóticas, de diversos colores, formas y variedades. Las encuentras en medio de la selva, de árboles que rodean los cerros. Cuando vas de caminata, observas a las aves y los animales que huyen cuando te ven o te sienten cerca.

En Oxapampa, se encuentra el Parque Nacional Yanachaga Chemillen, que cuenta con una gran biodiversidad de flora y fauna de la zona y los árboles maderables que son patrimonio natural de nuestra zona. A mí me encanta la naturaleza y me gusta pintarla y dibujarla: me encanta el arte.”
Visité todo lo que pude: la fábrica de quesos, la pampa, la Catarata del Tigre, la iglesia...En todos había algo nuevo y de igual forma me recibieron alegres y conversadores. ¡Qué lindo es Perú! Me encantaría regresar.
Maite Bustamante